miércoles, 29 de julio de 2026

Bonarda: la cepa que dejó de ser un actor de reparto

La Bonarda ocupó durante años un lugar secundario en la vitivinicultura argentina: aunque era una de las variedades más plantadas del país, se destinaba principalmente a vinos de corte. 
Originaria de Europa e introducida en la Argentina hacia fines del siglo XIX, la Bonarda encontró en Mendoza condiciones ideales para su desarrollo. 
Su perfil de fruta roja, taninos amables, buena acidez y versatilidad gastronómica lo convierten en una de las cepas con mayor potencial de crecimiento y en una alternativa cada vez más elegida por quienes buscan explorar nuevas expresiones de los vinos argentinos.
Hoy, con más de 17.000 hectáreas implantadas, es el segundo varietal tinto más cultivado de Argentina, detrás del Malbec, y cada vez gana mayor reconocimiento por parte de consumidores y especialistas. Ese cambio de paradigma es el que celebra, cada agosto, la Semana Nacional del Bonarda.
Impulsada por Plan Bonarda, junto a bodegas, productores e instituciones del sector, la celebración busca poner en valor una cepa que durante mucho tiempo quedó a la sombra de otras variedades. 
Del 1 al 9 de agosto, degustaciones, actividades culturales y experiencias enoturísticas en distintos puntos del país buscan acercar el Bonarda a nuevos consumidores y seguir consolidando su lugar dentro de la vitivinicultura argentina.
Mucho antes de que el Bonarda comenzara a ganar protagonismo como varietal, Bodega Dante Robino ya había decidido apostar por su potencial. 
En 2009, presentó la primera cosecha de Gran Dante Bonarda, una etiqueta que nació con la convicción de demostrar que esta variedad podía dar origen a vinos de gran complejidad, elegancia y capacidad de guarda. 
Más de quince años después, esa visión sigue vigente y hoy convive con una expresión más “joven” de la cepa: Dante Bonarda, un vino pensado para mostrar su perfil más fresco, frutado y versátil. 
"Hace tiempo que en Dante Robino elegimos al Bonarda como uno de nuestros varietales más representativos", afirmó Gonzalo Funes, enólogo de la bodega.
Funes explicó: "Empezamos trabajando con viñedos del este mendocino y, con los años, encontramos en Agrelo un perfil que nos permite elaborar vinos con equilibrio, madurez y carácter".
"Tanto en la línea Dante como en Gran Dante Bonarda se refleja ese recorrido: vinos con identidad, frescura, expresión frutal y una marcada personalidad", completó.

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