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viernes, 2 de octubre de 2020

Sweety, el vino espumante dulce natural, renovado

Viña Las Perdices lanzó la cosecha 2020 de su vino espumante Dulce Natural Sweety, con una nueva imagen y un cambio enológico, ya que fue elaborado en base a una única fermentación, directamente del jugo de uvas 100% Moscatel.
"Es muy distinto al anterior, aunque en la misma dirección; la diferencia más importante está en el estilo de vinificación: está elaborado en base a una única fermentación, sin un vino base", explicó el enólogo Fernando Losilla. 
Losilla detalló: "Se parte directamente del mosto o jugo de uva, al que se siembra con levaduras seleccionadas en un tanque de presión para elaborar un espumante bajo el método Charmat; cuando se alcanza el azúcar final buscado se paraliza la fermentación; así se logra un espumante de fino y elegante perlage, más natural".
Además, este tipo de vinificación destaca la fuerza aromática y el sabor particular de la uva Moscatel con la que está elaborado el nuevo Sweety. 
"En el producto anterior cortábamos a la Torrontés con otras variedades para que no sea demasiado invasiva", recordó Losilla, e indicó: "La Moscatel tiene un espectro diferente en cuanto a las características aromáticas: muchas flores blancas y notas cítricas, que para este estilo de espumante -fresco, frutado y con final dulce- quedan muy bien".
"La uva proviene de viñedos viejos la zona de Medrano, a través de un convenio con un productor que nos garantiza la fruta en un buen punto de madurez y con buena sanidad; la Moscatel es una variedad que ya no se planta, pero hay buena cantidad en la zona de Medrano, Rivadavia y Maipú; tiene buen rendimiento y madura a inicios y mediados de marzo", señaló el enólogo.
Losilla amplió: "Una de las razones del cambio enológico es que Viña Las Perdices tiene varios productos con base de Torrontés, sobre todo vinos tranquilos, ya que es una uva que nos gusta mucho, y la idea fue darle un perfil distinto al Sweety y presentarlo con la nueva imagen".
"La nueva presentación se alinea con los espumantes presentados en 2019 e incorpora una botella tipo 'Mumm', transparente, que permite apreciar y destacar el color amarillo verdoso del vino con sus pequeñas y abundantes burbujas; una botella más elegante, al igual que la nueva etiqueta que acompaña, junto a la cápsula, en un ténue celeste", explica el winemaker Juan Carlos Muñoz.
La bodega de la Familia Muñoz López posee ocho etiquetas: Partridge Extra Brut, Sweety Dulce Natural, Las Perdices Espumante Brut Rosé, Las Perdices Espumante Champenoise Extra Brut (método Champenoise con fermentación en botella de 9 a 12 meses sobre lías), Las Perdices Extra Brut; Las Perdices Brut Nature; Las Perdices Rosé Extra Brut (método Champenoise con fermentación en botella más de 18 Meses sobre lías) y Nuit 730 Brut Nature (método Champenoise con fermentación en botella más de 24 Meses sobre lías, numerada).

viernes, 18 de octubre de 2019

Llega un blanco dulce natural de Valle de La Puerta
 
Valle de La Puerta, bodega del Valle de Famatina (La Rioja), presenta su nuevo vino blanco dulce natural, un blend Moscatel-Torrontés.
Este nuevo ejemplar completa los lanzamientos que la bodega presentó durante el año, la Colección Quinquela Martín.
Se trata de un vino aromático, con notas de azares, ruda y frutas tropicales como mango, ananá y durazno, y notas cítricas de lima y mandarina, y un toque de miel.
Fusión entre la Moscatel, de gran poder aromático, y la Torrontés, cepa emblemática argentina entre las blancas, con increíbles dotes florales.
Con un tono amarillo pálido con reflejos acerados, el nuevo vino -cosecha 2019- se propone joven, equilibrado, con notas frutales, de buen volumen y persistencia en boca.

martes, 26 de junio de 2018

Uvas criollas: el INTA Mendoza analizó el origen genético de las vides autóctonas

Los investigadores del INTA Mendoza Gustavo Aliquó y Rocío Torres caracterizaron los genes de 28 cultivares de vides autóctonas, que permitirán diversificar la oferta varietal y agregar valor mediante la venta diferenciada.
En la Estación Experimental Mendoza que el INTA posee en Luján de Cuyo, se conservan cerca de 700 variedades, la mayoría traídas de Europa, pero también vid criollas, localizadas en distintas regiones dedicadas al cultivo de la vid en la Argentina, desde Jujuy a Mendoza.
El ingeniero agrónomo e investigador del INTA Jorge Prieto busca hace más de seis años recuperar y valorizar las variedades autóctonas de vid: “En la actualidad, 33% de la superficie cultivada con vid en la Argentina corresponde a variedades criollas”.
“Si bien, el resto se completa con variedades que en su mayoría son francesas, españolas e italianas y responden a la demanda del mercado mundial de vinos, existe un creciente interés por parte de la industria en la elaboración de vinos diferenciados a partir de algunas de estas variedades”, agregó.
Las variedades criollas son autóctonas porque se originaron en Sudamérica hace más de 400 años, como resultado del cruce natural que se dio entre las plantas de vid traídas por los españoles que originaron una semilla genéticamente distinta, nuevos genotipos.
Hasta hace algunos años, la única forma de diferenciar una variedad de vid de otra era mediante la observación de las características morfológicas de hojas, ápices, brotes y racimos –ampelografía–; ahora puede realizarse mediante métodos moleculares que son más exactos e inequívocos.
“Gracias a la herramienta de análisis molecular, que estudia partes especificas del ADN, las pudimos identificar genéticamente, conocer su origen y los posibles progenitores involucrados de 28 variedades criollas diferentes, de las cuales 18 corresponden a genotipos no conocidos y 10 a variedades ya estudiadas”, destacó Prieto y precisó: “Entre las conocidas se encuentran Cereza, Criolla grande, Pedro Giménez y Torrontés riojano”.
“Además de este grupo existe una gran diversidad, incluso hay algunas que tienen un alto potencial enológico y son poco difundidas”, indicó el especialista del INTA quien apuntó que para la identificación trabajaron con marcadores moleculares validados por la Organización Internacional de la Vid y el Vino (OIV) y por estudios nacionales e internacionales.
El árbol genealógico de la mayoría comienza con Moscatel de Alejandría -de origen griego, traída a América por los jesuitas- y la española Listán prieto -traída por los colonizadores españoles y denominada comúnmente Criolla chica-, recordó , INTA Informa.
Sin embargo, los investigadores del INTA identificaron otras variedades que también actuaron como progenitores y originaron nuevas plantas: “Moscatel de grano pequeño y Malbec, progenitor de dos variedades criollas, lo que nos muestra que el proceso de hibridación continuó hasta después de la llegada de las variedades francesas, a mediados del siglo XIX”.
Además de la identificación y verificación de cada uno de los cultivares analizados, el equipo de investigadores del INTA evaluó las características vitícolas –peso de poda, rendimiento, evolución de la madurez, peso de baya, composición química de la uva– y enológicas –composición química y análisis sensorial de los vinos– mediante la elaboración de vinos a escala piloto.
Por la composición polifenólica, perfil aromático y acidez, los especialistas del INTA comprobaron, por medio del análisis sensorial, que hay muchas de ellas con potencial enológico promisorio, que se sumarían al Torrontés riojano –la única cepa criolla de alta calidad hasta el momento–.
“Con estos resultados esperamos contribuir a diversificar la oferta varietal argentina de vinos mediante el rescate y valorización de variedades criollas con alto potencial enológico”, aseguró Prieto y acentuó: “Así, los viticultores podrán elaborar vinos de alta o media gama y agregar valor mediante la venta diferenciada”.
En este sentido, Gabriel Delgado, director Nacional Asistente de Investigación en Ciencias Políticas, Económicas y Sociales del INTA, señaló que históricamente las uvas criollas se consideraron con un bajo potencial enológico y se destinan a la elaboración de vinos de mesa o baja gama.
Sin embargo, Delgado resaltó que “gracias a esta caracterización podremos tener vinos con ADN argentino, es decir, vinos con variedades propias que no existen en otro lugar del mundo y que nos ayudarán a generar valor con nuestra propia genética”.
“La variabilidad biológica es un aspecto central del mejoramiento genético”, puntualizó Delgado, quien manifestó que la importancia de su rescate y cuidado radica en la falta de esa variabilidad puede limitar el desarrollo de variedades nuevas que solucionen problemas o aprovechen oportunidades presentes y futuras.
Si bien es muy probable que en viñedos y parrales antiguos aún existan variedades desconocidas, también es posible que muchas autóctonas se hayan perdido luego de la implantación de plantas europeas.
En la actualidad, Prieto junto con Gustavo Aliquó, Rocío Torres, Santiago Sari, Martín Fanzone, Elena Palazzo, Jorge Pérez Peña y Simón Tornello continúan recorriendo viñedos antiguos para rescatar más genotipos únicos.
“Para nosotros, la erosión genética que provocó la reconversión de los viñedos implica una pérdida irreparable del patrimonio y diversidad del encepado argentino”, analizó Prieto.
El mantenimiento de la colección de vides tiene entre sus objetivos conservar en buen estado las plantas y evitar pérdidas de individuos únicos.
“Protegemos aquellas plantas que, por sus características, pueden ser importantes en el futuro por su resistencia a sequía, salinidad, enfermedades o porque puedan tener alta calidad enológica”, manifestó Prieto.
En el Instituto Nacional para la Investigación Agronómica (INRA) de Francia se encuentra la colección de variedades de vid más grande del mundo; allí conservan más de 7.800 accesiones, que son materiales vegetales de vid recolectados de distintos lugares.
“Este trabajo de caracterización genética fue confirmado y validado gracias a la articulación que logramos con investigadores del INRA”, afirmó Prieto.
Los primeros resultados de este estudio fueron publicados el año pasado en la Revista Australiana de Investigación en Uva y Vino (Australian Journal of Grape and Wine Research), la edición científica de mayor impacto a escala internacional en temas de viticultura y enología.
Los investigadores avanzaron en la vinificación de los ejemplares más promisorios y se presentaron en Vinandino 2018, el primer concurso del Hemisferio Sur creado por el Instituto Nacional de Vitivinicultura -bajo el marco del reglamento internacional de concursos de la OIV-.
Dos vinos elaborados por los enólogos Santiago Sari y Dolores Pérez en la planta piloto del INTA Mendoza recibieron los máximos galardones: oro para un vino elaborado con la variedad Moscatel rosado y plata para un blend de variedades criollas -Moscatel Amarillo y Moscatel Blanco-.
“Ambos premios demuestran que es posible elaborar vinos de alta calidad enológica con variedades criollas”, destacó Prieto.