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miércoles, 26 de febrero de 2020

Acuerdo de ccoperación para el desarrollo tecnológico en vides de alta sanidad y nuevas variedades

Vivero Mercier Argentina y Bodegas Bianchi establecieron un acuerdo de cooperación para el desarrollo tecnológico de los viñedos y "transitar juntos una nueva etapa de la vitivinicultura argentina, signada por la sustentabilidad, la calidad y la innovación continua".
El primer paso del acuerdo se materializó durante 2019 con la instalación, por parte de Vivero Mercier, de 16 hectáreas para la producción de plantas, en un sector de la finca de la Bodega Enzo Bianchi, en Los Chacayes, Tunuyán. 
En ese lugar, se encuentra el vivero de campo donde se crían las plantas de vid injertadas, tanto identificadas como certificadas -actualmente cerca de 1.600.000-, que integran el portfolio de productos del vivero.
El siguiente paso será la implantación de un nuevo viñedo de plantas madre, a partir de materiales clonales certificados y de elevado status sanitario, lo que permitirá responder a la vitivinicultura con un importante portfolio de nuevas variedades y clones de alta sanidad.
La exigencia del proyecto, llevó a elegir este terruño por su notable potencial cualitativo en el que se conjugan condiciones excepcionales de suelo, agua y clima, permitiendo lograr plantas con un standard ideal de calidad en el vivero; y obtener el mejor material vegetal de los viñedos madre, para producir una nueva generación de plantas de vid.
La uva obtenida de estos viñedos madre, será elaborada por Bianchi en su bodega del Valle de Uco, agregando valor a sus caldos, con una materia prima de nivel superior.
"Con este acuerdo, nos preparamos para dar respuesta a las demandas de una vitivinicultura cada vez más exigente, que espera novedades, con el más alto nivel sanitario", aseguró Miguel Mercier, director del Grupo Mercier.
“Se trata de un proyecto clave para la vitivinicultura argentina y estamos muy orgullosos de llevarlo a cabo en nuestras fincas y continuar aportando como hace 90 años a la innovación y la excelencia", afirmó Sylvia Bianchi, tercera generación de la Familia Bianchi.
"No es casual que esto se lleve a cabo en Bodega Enzo Bianchi, ya que mi padre junto a mi abuelo Valentín Bianchi siempre trabajaron en pos de la innovación y el bien común de la industria vitivinícola argentina", completó.

lunes, 19 de agosto de 2019

La Linda, presente en la 10° edición de la Feria Masticar
 
En la décima edición de la Feria Masticar, La Linda formó parte del espacio exclusivo de degustación "Probemos vino", donde ofreció su selección de etiquetas en forma simultánea por medio de una máquina expendedora.
Allí, sommeliers brindarán asesoramiento en la elección del vino y sugerencias de maridaje.
Por otro lado, La Linda acompañó las clases de cocina que dictaron Pablo Massey y Maru Botana.
La Linda es una colección de vinos que busca expresar la identidad y el carácter de su terruño de origen.
Las fincas que dan las uvas para estos vinos están ubicadas en zonas privilegiadas de Mendoza, al pie de la cordillera de los Andes.
El manejo de estos viñedos se enfoca en un desarrollo balanceado de la vid en armonía con su ecosistema respetando las características del suelo y su microclima. 
Durante su elaboración se busca encontrar un perfecto equilibrio entre lo artesanal, la tecnología y la innovación, interviniendo lo menos posible.
La Linda tiene el respaldo de la experiencia de la Bodega Luigi Bosca y la pasión de cuatro generaciones de vitivinicultores de la familia Arizu.

lunes, 8 de octubre de 2018

Viña Las Perdices lanzó en la Argentina su línea Partridge

Viña Las Perdices lanzó en la Argentina su línea Partridge: tres etiquetas de vinos varietales jóvenes, -Malbec, Cabernet Sauvignon y Chardonnay- de viñedos propios en Agrelo, Luján de Cuyo, Mendoza.
"Partridge fue creada en 2009 inicialmente para complementar, en mercados internacionales, el portfolio de Viña Las Perdices con una nueva línea entry level", explicó Juan Carlos Muñoz, winemaker de la bodega.
"Son vinos de excelente relación calidad-precio y estamos seguros que se convertirán en el ‘futuro clásico’ de la bodega", afirma Aníbal Marín, gerente comercial de Viña Las Perdices.
Muñoz y Fernando Losilla, responsables del estilo enológico de Viña Las Perdices, elaboran vinos de alta calidad e innovadores.
La nueva línea Partridge -Perdiz en inglés- viene a posicionarse dentro de un nutrido segmento de vinos y expresa el estilo que consumidores de la bodega ya conocen.
Partridge Malbec 2017 -la etiqueta con que Viña Las Perdices presenta el estilo de su nueva línea- es un vino con ocho meses de crianza en roble francés y americano, de color rojo carmín profundo, con notas a frutas rojas con predominio de ciruelas y moras, tabaco y café provenientes de la madera, complejo, elegante e intenso. 
Pioneros en Agrelo, Viña Las Perdices es un emprendimiento de la familia Muñoz López y se caracteriza por sus propuestas diferentes y creativas.
Desde hace algunos años, Losilla forma parte del equipo enológico, aportando su experiencia en la elaboración de espumantes y vinos de alta gama.
De tradición agricultora, la familia Muñoz López llegó a la Argentina en 1952 desde su Andalucía natal, se instaló en Mendoza y a partir de 1958 comenzó el cultivo de vides.
Durante los primeros 20 años se dedicó a comercializar uvas y en 1977 la familia construyó la primera bodega, en Vistalba, que comercializó sólo vinos a granel.
En 2004 fundó Viña Las Perdices en la finca de Agrelo y a mediados de 2006 comenzó a comercializar los primeros vinos.
La línea Partridge tiene un precio sugerido de $197 en vinotecas y son comercializados en CABA, Provincia de Buenos Aires y Patagonia por la Consultora Umami.

martes, 18 de septiembre de 2018

Proponen la creación de la Ruta del Vino Casero y Artesanal de los Valles Calchaquíes
 
El Gobierno de Salta, la Municipalidad de Cafayate, la Delegación Salta del INV, el Centro de Desarrollo Vitícola del INTA, el Museo de la Vid y el Vino y la Asociación Calchaquí de Elaboradores de Vinos Artesanales Caseros (ACEVAC) impulsan la creación de la Ruta del Vino Casero y Artesanal de los Valles Calchaquíes.
En la Sede del Museo de la Vid y el Vino de Salta se presentó ante los productores de vino casero artesanal de Cafayate el proyecto de creación de la Ruta del Vino Casero y Artesanal, una iniciativa de gestión integrada entre los Ministerios de Cultura, Turismo y Deportes, y de Producción, Trabajo y Desarrollo Sustentable salteños.
El proyecto busca estructurar una ruta turística basada en la elaboración de vinos artesanales de los Valles Calchaquíes de Salta, facilitar el desarrollo de una oferta turística sustentada en los emprendedores y elaboradores locales, poner en valor elaboraciones características de la provincia como el vino mistela, y diversificar la oferta turística de la región.
Incluye distintas etapas como las referidas al desarrollo de herramientas, procedimientos y acuerdos para la puesta en marcha de la iniciativa y del desarrollo de la ruta a través de la inscripción de los productores, la atención de los temas legales y de inversión y la comercialización de los emprendimientos particulares y de la ruta en general.
Además se pondrá en marcha el Programa de Capacitación y Entrenamiento a desarrollarse durante cuatro meses que incluye temas referidos a aspectos turísticos, de calidad en la producción, de seguridad en la instancia de elaboración de los productos, para la comercialización y una instancia de relevamiento y tutoría a cada uno de los productores interesados en ser parte de esta propuesta.

viernes, 13 de julio de 2018

Viña Las Perdices: una historia de familia, cultura y trabajo

Viña Las Perdices es un emprendimiento familiar, asociado a una comunidad de 16 familias, que viven en la bodega de Agrelo, Mendoza.
Este emprendimiento fue desarrollado por Juan Muñoz López y sus hermanos, su esposa Rosario y sus hijos Nicolás, Estela y Juan Carlos.
Muñoz Lopez, hoy presidente y winemaker de Viña Las Perdices, llegó a la Argentina en 1952 desde Andalucía, se instaló en Mendoza en 1954 y en 1958 comenzó con el cultivo de vides. 
Durante los primeros 20 años se dedicaron a comercializar uvas. 
En 1977 construyeron la primera bodega en Vistalba, y hasta 2003 elaboró vinos de viñedos propios en Agrelo, a granel, sin una marca propia. 
En 2004 construyó Viña Las Perdices en la finca de Agrelo y los primeros vinos en 2006. 
Con 90 hectáreas de viñedos, en la finca de Agrelo viven 16 familias, constituyendo una pequeña comunidad de 65 personas, entre grandes y chicos. 
"Comparando con la pampa húmeda, en la cual la mecanización del cultivo de grandes extensiones ha ocasionado migraciones hacia los cinturones de las grandes ciudades con la consecuente pérdida del aprendizaje de los oficios de sus padres, en nuestra tierra se destaca el traspaso de conocimientos y contagio de la cultura del trabajo en el entorno del campo y naturaleza dada por nuestras vides", afirma Nicolás Muñoz, gerente administrativo de Viña Las Perdices.
Los primeros que llegaron a trabajar a la finca lo hicieron a principios de los 80; y el último fue hace dos años. 
A estas familias, Viña Las Perdices les ofrece trabajo permanente y continuo todo el año, vivienda y servicios sin cargo -energía, agua corriente, recolección de residuos-. 
La bodega se encarga del mantenimiento de calles vecinales y caminos consolidados para permitir el ingreso cuatro veces al día de la línea de colectivo que utilizan los chicos para ir a la escuela. 
“Las personas viven en un espacio que se asemeja a un barrio; tienen contención y resguardo gracias a esta forma de vida entre viñedos; no tienen que utilizar las rutas provinciales o caminos para ir al trabajo, ahorran ese tiempo para ocio propio o para compartirlo con sus seres queridos; en el caso de los chicos, ven trabajar a sus padres, comparten con ellos almuerzo y cena: cuando terminan sus estudios ya tienen una idea sobre los oficios y pueden evaluar si les agrada aprender y continuar ese camino; éste es un breve resumen de nuestro pequeño aporte de Responsabilidad Social Empresaria", finaliza Nicolás.
La bodega le da empleo a un total de 50 personas en planta; 20 personas trabajan en producción de viñedo, realizando las tareas culturales, según la estación; y otras 10 personas, en bodega y depósito.
“En una industria que acostumbra a trabajar con empleados eventuales para las cosechas, el trabajo con personal permanente es algo poco habitual; en Viña Las Perdices consideramos de altísima importancia poder contar con la misma gente año tras año, con todo lo que eso implica a nivel capacitación, fidelización y la impronta artesanal”, explica Juan Carlos Muñoz.

miércoles, 4 de julio de 2018

INTA Mendoza: Estudios bioecológicos mejoran el control de la polilla de la vid

Investigadores del INTA Mendoza describieron el desarrollo biológico del insecto, principal plaga que disminuye rindes y calidad de frutos en viñedos, ponen a punto el tratamiento con feromonas en la zona y evalúan estrategias fitosanitarias de bajo impacto ambiental.
La polilla europea del racimo, Lobesia botrana Den et Schiff., es aún una plaga cuarentenaria -que ingresa desde un país a otro donde no existía y se mantiene restringida a una región- para la Argentina, recordaron desde INTA Informa.
Si bien la presencia del insecto tiene epicentro en las plantaciones de vid de Mendoza -donde fue detectado por primera vez en 2010 a través de material vegetal proveniente de Chile-, se halló en producciones de uvas en San Juan y Salta, de berries en Mendoza y de arándanos en Entre Ríos.
“Una plaga puede permanecer en estado cuarentenario a través de diferentes niveles de confinamiento tras el ingreso a un país, y, por su condición, está bajo reglamentación de programas públicos de erradicación”, aclaró Violeta Becerra, responsable del Laboratorio de Fitofarmacia y Manejo Integrado de Plagas del INTA Mendoza.
Pese a las apariciones en otros cultivos y regiones, la Lobesia botrana afecta -principalmente- el rinde y calidad de los viñedos y su control exige -en muchos casos- aplicaciones de insumos, bien ajustadas para evitar la acumulación de residuos en la fruta que podrían provocar el rechazo comercial en los mercados.
En esta línea, investigadores del INTA Mendoza describieron las etapas de desarrollo biológico del insecto y su comportamiento, evalúan la eficacia del tratamiento con feromonas -derivado de la Técnica de Confusión Sexual, la alternativa de control más sustentable hasta el momento- y analizan indicadores de impacto ambiental de distintas estrategias: orgánicas, fitosanitarias y de manejo integrado de plagas con enemigos naturales.
Lograr un manejo eficaz y sustentable de esta plaga requiere “conocer su bioecología a través del año, la presencia de enemigos naturales, las posibles medidas culturales y las herramientas químicas, biológicas o biotécnicas disponibles que permitan disminuir los daños por debajo de los niveles económicos”, señaló Becerra.
La investigadora destacó que “el reconocimiento a campo de todos los estados de desarrollo del insecto es fundamental para realizar las aplicaciones en el momento oportuno de control”.
El principal daño realizado por la Lobesia botrana está dado por las larvas que se alimentan de flores y frutos desde cuaje hasta maduración, con la consecuente disminución de rindes y pérdida de calidad en uvas, sobre todo cuando se destina al consumo en fresco.
Esta acción causa perforaciones y daños en las plantas que facilitan el ingreso de hongos causantes de la podredumbre del racimo.
“El año pasado la lucha contra la plaga fue muy positiva”, resaltó la especialista, quien ponderó “la articulación de diferentes instituciones de gobierno, investigación, universidades, asociaciones de productores y bodegueros para avanzar en la erradicación”.
Desde que la plaga fue detectada en 2010 en Mendoza, la cantidad de hectáreas controladas con feromonas fue en aumento avalado por una ley de ayuda para los productores.
La Técnica de Confusión Sexual facilita el monitoreo y control de las poblaciones de Lobesia botrana a partir de feromonas –integradas por, al menos, 15 compuestos– que imitan el mensaje de comunicación sexual utilizado por las hembras para atraer a los machos.
De las alternativas posibles hasta el momento, es el método de control más recomendado, ya que no deja residuos fitosanitarios en frutos y subproductos, no implica riesgos en las aplicaciones a campo y no daña a otros insectos, enemigos naturales de la plaga.
Para el monitoreo, se utilizan trampas de feromonas, que consisten en dos tapas de cartón, la de abajo con una impregnación engomada donde se coloca una cápsula con feromona femenina para atrapar machos de la especie.
A su vez, con el objetivo de reducir los apareamientos y la reproducción, se emplean difusores que esparcen la feromona en estado líquido en el ambiente del cultivo.
Según las características de la zona, ensayos del INTA Mendoza estimaron que se necesitan 350 difusores por hectárea y un período de emisión de hasta 180 días.
“La feromona volátil satura el ambiente y forma una especie de nube aromática que confunde a los machos y, debido a este exceso de estímulos, no pueden detectar la presencia real de las hembras”, argumentó Becerra.
Otra alternativa es promover el control biológico de Lobesia botrana a partir de la actividad de algunos depredadores -como arañas, coccinélidos, crisópidos y pájaros- o parasitoides naturales de este insecto o de especies de la misma familia.
En todos los casos, se recomienda utilizar fitosanitarios de bajo impacto ambiental que no alteren el ecosistema natural.
Con relación a herramientas químicas, ensayos del INTA demostraron que las pulverizaciones se deben realizar al momento de eclosión de los huevos, antes que las larvas neonatas penetren los granos.
Becerra remarcó que “las estrategias fitosanitarias deben apuntar a generar residuo cero en las frutas y subproductos a fin de cumplir con los estándares de calidad requeridos tanto para el mercado interno como para los de exportación”.

martes, 26 de junio de 2018

Uvas criollas: el INTA Mendoza analizó el origen genético de las vides autóctonas

Los investigadores del INTA Mendoza Gustavo Aliquó y Rocío Torres caracterizaron los genes de 28 cultivares de vides autóctonas, que permitirán diversificar la oferta varietal y agregar valor mediante la venta diferenciada.
En la Estación Experimental Mendoza que el INTA posee en Luján de Cuyo, se conservan cerca de 700 variedades, la mayoría traídas de Europa, pero también vid criollas, localizadas en distintas regiones dedicadas al cultivo de la vid en la Argentina, desde Jujuy a Mendoza.
El ingeniero agrónomo e investigador del INTA Jorge Prieto busca hace más de seis años recuperar y valorizar las variedades autóctonas de vid: “En la actualidad, 33% de la superficie cultivada con vid en la Argentina corresponde a variedades criollas”.
“Si bien, el resto se completa con variedades que en su mayoría son francesas, españolas e italianas y responden a la demanda del mercado mundial de vinos, existe un creciente interés por parte de la industria en la elaboración de vinos diferenciados a partir de algunas de estas variedades”, agregó.
Las variedades criollas son autóctonas porque se originaron en Sudamérica hace más de 400 años, como resultado del cruce natural que se dio entre las plantas de vid traídas por los españoles que originaron una semilla genéticamente distinta, nuevos genotipos.
Hasta hace algunos años, la única forma de diferenciar una variedad de vid de otra era mediante la observación de las características morfológicas de hojas, ápices, brotes y racimos –ampelografía–; ahora puede realizarse mediante métodos moleculares que son más exactos e inequívocos.
“Gracias a la herramienta de análisis molecular, que estudia partes especificas del ADN, las pudimos identificar genéticamente, conocer su origen y los posibles progenitores involucrados de 28 variedades criollas diferentes, de las cuales 18 corresponden a genotipos no conocidos y 10 a variedades ya estudiadas”, destacó Prieto y precisó: “Entre las conocidas se encuentran Cereza, Criolla grande, Pedro Giménez y Torrontés riojano”.
“Además de este grupo existe una gran diversidad, incluso hay algunas que tienen un alto potencial enológico y son poco difundidas”, indicó el especialista del INTA quien apuntó que para la identificación trabajaron con marcadores moleculares validados por la Organización Internacional de la Vid y el Vino (OIV) y por estudios nacionales e internacionales.
El árbol genealógico de la mayoría comienza con Moscatel de Alejandría -de origen griego, traída a América por los jesuitas- y la española Listán prieto -traída por los colonizadores españoles y denominada comúnmente Criolla chica-, recordó , INTA Informa.
Sin embargo, los investigadores del INTA identificaron otras variedades que también actuaron como progenitores y originaron nuevas plantas: “Moscatel de grano pequeño y Malbec, progenitor de dos variedades criollas, lo que nos muestra que el proceso de hibridación continuó hasta después de la llegada de las variedades francesas, a mediados del siglo XIX”.
Además de la identificación y verificación de cada uno de los cultivares analizados, el equipo de investigadores del INTA evaluó las características vitícolas –peso de poda, rendimiento, evolución de la madurez, peso de baya, composición química de la uva– y enológicas –composición química y análisis sensorial de los vinos– mediante la elaboración de vinos a escala piloto.
Por la composición polifenólica, perfil aromático y acidez, los especialistas del INTA comprobaron, por medio del análisis sensorial, que hay muchas de ellas con potencial enológico promisorio, que se sumarían al Torrontés riojano –la única cepa criolla de alta calidad hasta el momento–.
“Con estos resultados esperamos contribuir a diversificar la oferta varietal argentina de vinos mediante el rescate y valorización de variedades criollas con alto potencial enológico”, aseguró Prieto y acentuó: “Así, los viticultores podrán elaborar vinos de alta o media gama y agregar valor mediante la venta diferenciada”.
En este sentido, Gabriel Delgado, director Nacional Asistente de Investigación en Ciencias Políticas, Económicas y Sociales del INTA, señaló que históricamente las uvas criollas se consideraron con un bajo potencial enológico y se destinan a la elaboración de vinos de mesa o baja gama.
Sin embargo, Delgado resaltó que “gracias a esta caracterización podremos tener vinos con ADN argentino, es decir, vinos con variedades propias que no existen en otro lugar del mundo y que nos ayudarán a generar valor con nuestra propia genética”.
“La variabilidad biológica es un aspecto central del mejoramiento genético”, puntualizó Delgado, quien manifestó que la importancia de su rescate y cuidado radica en la falta de esa variabilidad puede limitar el desarrollo de variedades nuevas que solucionen problemas o aprovechen oportunidades presentes y futuras.
Si bien es muy probable que en viñedos y parrales antiguos aún existan variedades desconocidas, también es posible que muchas autóctonas se hayan perdido luego de la implantación de plantas europeas.
En la actualidad, Prieto junto con Gustavo Aliquó, Rocío Torres, Santiago Sari, Martín Fanzone, Elena Palazzo, Jorge Pérez Peña y Simón Tornello continúan recorriendo viñedos antiguos para rescatar más genotipos únicos.
“Para nosotros, la erosión genética que provocó la reconversión de los viñedos implica una pérdida irreparable del patrimonio y diversidad del encepado argentino”, analizó Prieto.
El mantenimiento de la colección de vides tiene entre sus objetivos conservar en buen estado las plantas y evitar pérdidas de individuos únicos.
“Protegemos aquellas plantas que, por sus características, pueden ser importantes en el futuro por su resistencia a sequía, salinidad, enfermedades o porque puedan tener alta calidad enológica”, manifestó Prieto.
En el Instituto Nacional para la Investigación Agronómica (INRA) de Francia se encuentra la colección de variedades de vid más grande del mundo; allí conservan más de 7.800 accesiones, que son materiales vegetales de vid recolectados de distintos lugares.
“Este trabajo de caracterización genética fue confirmado y validado gracias a la articulación que logramos con investigadores del INRA”, afirmó Prieto.
Los primeros resultados de este estudio fueron publicados el año pasado en la Revista Australiana de Investigación en Uva y Vino (Australian Journal of Grape and Wine Research), la edición científica de mayor impacto a escala internacional en temas de viticultura y enología.
Los investigadores avanzaron en la vinificación de los ejemplares más promisorios y se presentaron en Vinandino 2018, el primer concurso del Hemisferio Sur creado por el Instituto Nacional de Vitivinicultura -bajo el marco del reglamento internacional de concursos de la OIV-.
Dos vinos elaborados por los enólogos Santiago Sari y Dolores Pérez en la planta piloto del INTA Mendoza recibieron los máximos galardones: oro para un vino elaborado con la variedad Moscatel rosado y plata para un blend de variedades criollas -Moscatel Amarillo y Moscatel Blanco-.
“Ambos premios demuestran que es posible elaborar vinos de alta calidad enológica con variedades criollas”, destacó Prieto.